sábado, 8 de enero de 2011

Como vivir tu Liderazgo al máximo, en el ministerio Juvenil


Con pasos cortos se acercaba. Era una mujer de baja estatura y muy delgada que llegaba a Calcuta (India) cuando los agentes de migración, requiriendo sus documentos de identidad, le preguntaron: “¿Cuál es su nombre?”. Ella respondió: “Soy Teresa”. “¿Y cuál es el propósito de su viaje?”, indagaron. Ella dijo con mucha firmeza: “Vengo a ayudar a India”. El hombre la miró fijamente, replicando: “¿Tiene dinero?”. Ella tomó su bolso y dijo: “¡¡¡Tengo tres monedas y tengo a Jesús, puedo hacer cualquier cosa!!!”.
En una cultura como aquella, una mujer no tenía lugar en la sociedad, mucho no podía hacer. Pero aún así la dejaron pasar. Tal vez por las tres monedas más que por lo que podía aportar a la sociedad. Además, era una simple desconocida nacida en Skopje, Albania. Nada alteraría el curso de la historia.
Pero con el transcurrir de los años, antes que ella muriera, cada presidente o ministro en todo el mundo, sabía quién era ella. La que con tres simples monedas y Jesús afectó el mundo entero, porque decidió ser fiel a Dios y ayudar a ese pueblo.
Cuando decides tomar lo que Dios te dio para servir a otros, ocurren cosas que ni imaginaste.

No necesitas ser un súper dotado para servir. Ni siquiera necesitas saber leer, escribir o tener una certificación con las mejores calificaciones para hacerlo. No necesitas llegar hasta un postgrado en tus estudios para ayudar a la gente que está a tu alrededor.
Martin Luther King, Jr. Lo dijo de esta manera:
“Todos pueden ser grandes…
…Porque todos pueden servir.
No tienes que tener un diploma para servir
No tienes que saber gramática para servir
Sólo necesitas un oído lleno de gracia y un alma impulsada por el amor”


Servir es un estilo de vida, que te llevará a experimentar los momentos más gratificantes de tu vida si lo haces con la motivación correcta. De ahí la importancia que como Líder juvenil conozcas el potencial que Dios te ha dado y empieces a buscar oportunidades para desarrollarlo y así vivir tu vida al máximo. Para ello, considera lo siguiente:

Ten un propósito por el que valga la pena vivir.

Jack Morrison, bombero de vocación, lucha arduamente por abrirse camino entre llamaradas de fuego y explosiones dentro de un gran almacén. Su objetivo es rescatar a un ciudadano atrapado por el intenso fuego. Ingresa al almacén y en el empeño de seguir avanzando para salvar a la víctima, un derrumbe lo sorprende dejándolo atrapado entre escombros y metales de las estructuras caídas.
Desde afuera, el capitán Mike Kennedy -mentor, amigo y jefe de bomberos de Jack- hace todo lo posible por rescatarlo con vida.

Hay camiones cisternas de la unidad de bomberos, luces, sirenas, helicópteros, gigantescas llamas y columnas enormes de humo subiendo del gran almacén. Adentro de aquel edificio ardiente, Jack Morrison está inmóvil en el suelo, atorado por los escombros y pedazos de edificación que hace instantes habían caído sobre él. Es en ese instante que empieza a recordar y a visualizar en su mente escenas pasadas de su vida. Entre ellas, el momento en que conoció al Capitán Kennedy, sus inicios y el descubrimiento de su pasión, profesión y vocación: ser un rescatista y salvar vidas, enfrentando todo tipo de peligro, obstáculos y dificultades; poniendo en riesgo su propia vida a favor de personas que ni siquiera conoce, hasta el trágico momento en el cual se encuentra atrapado.

Cada recuerdo denota la desinteresada motivación de cumplir con su deber. Esas historias vividas asoman pensamientos que le hacen suponer que cumpliendo y desarrollando su vocación fue que Jack encontró a sus más cercanas amistades, conoció al amor de su vida, experimentó la realización de sus sueños y entendió que las verdaderas recompensas a su labor son los rescates logrados a lo largo de su carrera.

Mientras Jack se encuentra caído, aguardando ahora su propio rescate, afuera de aquel edificio sus amigos y compañeros de vocación trabajan arduamente por salvarlo de una tragedia de la cual parece imposible salir con vida.
Quizá hasta aquí no se había dado cuenta, pero Jack había descubierto su propósito en la vida sirviendo a otros.

Dos grandes interrogantes surgen de aquel filme titulado “Brigada 49”:

¿Qué lleva a un hombre a entrar a un edificio en llamas cuando todo el resto está corriendo hacia fuera? ¿Por qué los bomberos dejan a sus familias todas las mañanas para arriesgar sus vidas por extraños?

La palabra clave que responde a ambas interrogantes es: “Propósito”.
Lo hacen porque es el motivo de sus vidas. Lo hacen porque lo llevan adentro, porque es la razón de sus existencias, y aunque tienen la posibilidad de estar haciendo cualquier otra cosa, saben que no sería lo mismo.
La valentía, la audacia, el coraje y la lealtad afloran en ellos, desde el día en que descubrieron que esa es su vocación y su propósito.

Al reflexionar sobre nuestro propósito en la vida, recuerdo las palabras de Henry Ford, pionero de la industria automotriz, quien dijo: “Todo el secreto de una vida exitosa es descubrir qué estamos destinados a hacer, y luego hacerlo”.

En primer lugar tienes que entender y asumir que tú eres el capitán de tu vida y la persona a quien Dios coloco para guiar a tus jóvenes. y que tienes la responsabilidad de llevar tu vida hasta el destino que Dios trazó para ti y también de ayudar a tus chicos a que puedan los propósitos de Dios para ellos.
No tendrás la oportunidad de culpar a otros de dónde y en qué situación te encontrarás en 5 o 10 años. A esa altura estarás viviendo las consecuencias de tus decisiones de hoy. Es tu responsabilidad averiguar cuáles son los caminos que tienes que recorrer y utilizar todos los recursos que Dios te da para encaminarte hacia aquello que Él tiene preparado para ti. De esta manera puedes trazarte metas que te acercarán a la misión que tienes en esta vida. Sólo tú puedes descubrir el propósito que Dios tuvo al crearte. Sólo recuerda que sea cual fuere ese propósito siempre apuntará a servir a tu generación, a dejar una huella en la vida de los que te rodean.

“Los sueños de Dios, no caben en tus sueños, pero tus sueños si caben en los sueños de Dios… sueña en grande, pero asegúrate que en tus sueños estén incluidos los sueños de tus jóvenes, y ten por seguro que entonces sí será un sueño de Dios”.

Busca oportunidades para servir, no para sobresalir.

A veces pensamos que a través del servicio podremos escalar posiciones y llegar a sitiales o metas que nos hemos propuesto, otras veces usamos el servicio como una excusa para alcanzar ciertos privilegios, pero debemos corregir esta errada motivación y entender que el poder servir a otros en sí ya es un privilegio, un honor y una recompensa. Debemos canalizar nuestras motivaciones a través del amor y del agradecimiento. Debemos servir porque entendemos que es parte de los privilegios que Dios nos permite hacer, y porque entendemos la grandeza y el honor de ser parte de de este gran operativo de rescate, de un mundo perdido que necesita con extrema urgencia experimentar el amor incondicional de Dios a través de nuestras vidas.

Un gran ejemplo de canalizar nuestros talentos como una oportunidad para servir a otros y no solamente para sobresalir o destacarnos en algo, fue Eric Liddell, uno de los misioneros que más ha impactado mi vida, él fue hijo de una pareja de misioneros que había entregado su vida a servir en la China. Desde muy pequeños Eric y sus hermanos vieron a sus padres dedicarse con una pasión inconmovible al pueblo chino. En 1920 se inscribió en la Universidad de Edimburgo, donde descubrió sus aptitudes y desarrolló sus dotes atléticos, ganando grandes premios, y destacándose como corredor.
En el momento cúspide de su carrerra deportiva, habiendo conseguido la medalla dorada en las olimpiadas de Paris en 1924, y batiendo un nuevo récord mundial, decide dejar todos sus logros de lado, para correr una mejor carrera, servir a Dios.
Luego de terminadas las Olimpíadas de París, y de haber concluido sus estudios universitarios, regresó a China, en donde sirvió como misionero desde 1925 hasta 1943. Su trabajo como misionero tuvo el adicional de gran riesgo para su vida ya que se produjo la invasión japonesa a China. En 1943 Liddell, junto a otros misioneros americanos, pasó a trabajar tras las líneas japonesas. Ese mismo año aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad que le provocaría la muerte, un tumor cerebral. Al poco tiempo fue internado en Weishien. Dos años más tarde el extraordinario corredor olímpico y abnegado misionero falleció en China.
Al enterarse de la muerte de Lidell, Escocia y toda Gran Bretaña estuvieron de luto.
Su enfermera relata que sus últimas palabras fueron de regocijo por la tarea cumplida: “Lo he entregado todo”.
La pasión de servir a esa nación no fue detenida por la fama ni por el dinero, había dedicado su vida por ayudar y dar a conocer a Jesús. La habilidad de ser un gran corredor lo utilizó para servir a otros. Durante la guerra corría kilómetros trasladando a los heridos para que sean atendidos.
En una ocasión Eric dijo: “No tienes que ser famoso o especialista para servir al Señor. Dios pregunta solamente si en lo que te desempeñas lo haces con sinceridad y fidelidad. Dios te ha llamado para que lleves fruto, y ése fruto debe permanecer. Dios honra a sus fieles, y él honrará tu obediencia, con una vida que trasciende hasta la eternidad. La entrega completa a Cristo es la victoria total”.


Involúcrate en la causa
Tiempo atrás con mi esposa y mi hija tuvimos la oportunidad de visitar el Gran Cañón en Arizona, Estados Unidos; y las Cataratas del Iguazú, Brasil. Al llegar a estos lugares uno dice wow! Como puede alguien dudar de la existencia y el poder de Dios ante tales majestuosidades. En verdad es impresionante, es imposible olvidarlas. Quedan grabadas en la mente. Creo que forman parte de las maravillas más grandes de las que podemos ver en la tierra. Sin embargo, hay otra maravilla en el mundo que muchas veces no vemos o no le damos el elogio que se merece. Una maravilla que cuando la notas marca tu vida para siempre y deja una huella imborrable en ti. Es una especie en peligro de extinción que tiene un valor incalculable para la raza humana, que marca la historia de la humanidad. Esa especie en peligro de extinción son padres que enseñan la Biblia a sus hijos, instruyéndolos a vivir bajo sus principios. Son maestros en escuelas y universidades que con sus vidas reflejan el amor de Dios. Son empresarios que aportan sus impuestos al gobierno, que dan un trato justo a sus empleados y sirven honestamente a sus clientes con la calidad que prometen. Son hombres y mujeres que deciden escoger hacer lo correcto antes que escoger solo lo que les conviene. Son Líderes juveniles que con sus vidas modelan a Jesús, que instruyen en las escrituras a las nuevas generaciones y que entregan sus mejores años a esta causa.

Es hora de actuar, sé parte de esta especie que no se extinguirá.

Comienza desde donde estás y con lo que tienes en tus manos, recuerda que muchos hombres y mujeres que marcaron la historia empezaron sirviendo con pequeñas cosas que luego se convirtieron en gigantescos milagros. Empieza sirviendo en los pequeños detalles de la vida. Cuando ayudas a algún anciano o a alguna persona con necesidades específicas estás sirviendo; cuando prestas atención a un amigo que necesita ser escuchado también lo estás haciendo. Proponte a ayudar en tu hogar, a tus padres, a tus hermanos; muéstrate accesible ante cualquier necesidad que veas a tu alrededor. No olvides que cuando predicas del amor de Dios con tus acciones y palabras en tu familia, en tu grupo de jóvenes, en la universidad o en tu trabajo estás sirviendo.

Fuiste creado para brillar e iluminar el camino de los que están cerca de ti. Sé incluyente; anima a los demás; inventa cosas nuevas; desarrolla tus talentos; estruja al máximo tu imaginación; busca nuevas oportunidades; piensa ideas ingeniosas; crea soluciones a los imposibles para otros; no bajes los brazos; descubre nuevos horizontes; sueña en grande; extiende tu mano; comparte con otros; aprende de los demás y nunca, nunca dejes de vivir y compartir el amor incondicional de Dios.

No olvides que las consecuencias del servicio son sumamente poderosas, generan bendiciones que no podrás dimensionar hasta dónde llegarán. Vendrán desde el cielo con consecuencias eternas dejando una huella imborrable en las personas a quienes has ayudado y también llegarán a tu vida por haber sembrado semillas de servicio, cosechando una vida llena de consecuencias sobrenaturales. Cuando eso suceda no olvides que: “Cuando Dios te bendice, es simplemente para que puedas servir a más personas”. Y que la mayor recompensa es saber que tu vida sirvió para ayudar y rescatar de la desesperanza y el dolor a otros. Tal como lo reflejan las palabras de Jesús en Mateo 28.20: Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

“Hay un destino que nos vuelve hermanos, ninguno sigue su camino solo. Todo lo que damos a la vida de los demás, regresa a nuestra propia vida”.

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