lunes, 21 de febrero de 2011

Si se humillare mi pueblo











pastor Roberto Marroquín Q.D.D.G.



“ Si yo cerrare los cielos,  para que no haya lluvia,  y si mandare a la langosta

   que consuma la tierra,  o si enviare pestilencia a mi pueblo;

   Si se humillare mi pueblo,  sobre el cual mi nombre es invocado,  y oraren,  y buscaren mi

   rostro,  y se convirtieren de sus malos caminos;  entonces yo oiré desde los cielos,  y

  perdonaré sus pecados,  y sanaré su tierra.

  Ahora estarán abiertos mis ojos,  y atentos mis oídos,  a la oración en este

  lugar:” 2Cr 7:13-15 


2Cr 7:14  y si mi pueblo, el pueblo que lleva mi nombre, se humilla, ora, me busca y deja su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y devolveré la prosperidad a su país.


2 Crónicas 7:14 es un texto bastante conocido por el pueblo cristiano, sin embargo, en lugar de ver que nuestra tierra esté sanando, lo que oímos es que se está corrompiendo más y más a tal grado que en lugar de ser una tierra que fluya leche y miel, es una tierra que produce y que bebe la sangre de cientos de personas. Esto nos confronta con la triste realidad de que la mayoría de los cristianos se han limitado a un conocimiento intelectual de la Palabra de Dios, pero están muy lejos de ser hacedores de la misma, en vez de tan sólo oidores, pues de no ser así, estaríamos diciendo que es Dios quien no cumple con su Palabra. Otra parte del cuerpo de Cristo se limita a decir: “nuestra tarea es orar, pues así lo dice la Escritura; además, nuestra lucha no es contra carne y sangre sino contra principados.“ Y esto también suena correcto y de hecho así dice la Biblia, pero ¿es eso todo lo que dice? Leamos el texto completo: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra...”Veamos cada una de las condiciones que Dios pone a su pueblo para oír, perdonar y sanar... para oír, perdonar y sanar.

I. “Si se humillare”. El hecho que lo ponga como condición implica que su pueblo no está actuando en humildad, sino por el contrario, en altivez y orgullo. ¿Y de qué ? Muchos dicen: “Estamos en el mundo, pero no somos de él...” dando a entender que no sienten ninguna responsabilidad por lo que acontece en la tierra. Esa actitud de complacencia y egoísmo no refleja la compasión de Dios por su creación. Además la Biblia enseña que de Jehová es la tierra y su plenitud (Salmo 24:1). ¿Será la actitud de un cristiano humilde la de no hacer nada mientras la tierra de Jehová se corrompe más y más?
Mientras no nos duela el estado de nuestra tierra, mientras no reconozcamos que es nuestra responsabilidad, pues Dios nos puso como administradores suyos, mientras no reconozcamos que le daremos cuenta a El por la corrupción y las tinieblas que en ella hay, pues Dios nos puso por sal y luz de la tierra; mientras no nos miremos como el elemento de cambio que Dios nos dice que somos, no seremos un pueblo humilde sino que seguiremos siendo unos religiosos que decimos, pero no hacemos, y cuando venga el juicio de Dios no esperemos ser arrebatados para no tener que sufrirlo, pues la Biblia dice que el juicio de Dios comienza por su casa.
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:6)

¡HUMILLEMONOS!



II. “y oraren”. Notemos que la conjunción “y” está uniendo el humillarse con el orar, pues de nada vale orar todo el día y toda la noche mientras no haya un arrepentimiento sincero por la negligencia, la comodidad, y el desinterés que anteriormente hemos manifestado. Orar sin humillarse es lo que ilustra el fariseo que se justificaba de todo lo que hacía; lo mismo pasa con la iglesia hoy en día cuando pretende que Dios responda sus oraciones porque su confesión es de fe y porque cree que lo que dice recibe, y porque ora en el nombre y la autoridad de Cristo, etc., etc., pero no corrige su conducta de vida en cosas prácticas como la puntualidad, la honradez en el trabajo, abstenerse de oír y contar chismes, sujetarse a las autoridades delegadas (padres, jefes, maestros, ancianos, etc.). Por tanto, llenemos primero el requisito de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, pues de lo contrario, podemos decir que resistimos, atamos y echamos al diablo pero nada pasará, ya que Dios no responderá la oración de un rebelde para atar a otro rebelde.Confiando en que nos humillaremos, pasamos al segundo punto “oremos”; pero, ¿por qué vamos a orar y cómo?

Muchas veces creemos que con decir “sea la voluntad de Dios” estamos orando correctamente, pero esa oración pudiera ser incorrecta cuando rehusamos ponernos de acuerdo con la Biblia en lo que ya está definido en ella; por ejemplo, si un cristiano está pensando casarse con una incrédula y pide oración para que se haga la voluntad de Dios; eso es igual que asumir que la Biblia es de doble ánimo y no está segura de lo que dice; esa oración no la haría alguien que ya se humilló delante de Dios. De igual manera, al orar por los futuros dirigentes del país, la Biblia es clara que debemos pedir por hombres justos, temerosos de Dios, pues según sean los líderes así será el pueblo. “Cuando los justos dominan el pueblo se alegra; más cuando domina el impío, el pueblo gime” (Pr.29:2).

Además, ¿cómo se puede orar por el futuro de la nación si se cree que el cristiano no tiene parte en ella? ¿Acaso no dice la Biblia que Cristo nos ha hecho para Dios un pueblo de reyes y sacerdotes? (Apocalipsis1:6). Quizá Dios no sabe que hay que hacer separación entre la iglesia y el estado!. Mientras la iglesia no reconozca que si no tenemos líderes temerosos de Dios es porque ella no sabe pedir, aún más, no les permite tomar ésas funciones y seguiremos orando “venga tu reino y hágase tu voluntad” y entronando siervos de otro reino los cuales hacen la voluntad de su rey (Satanás).
¿Podemos oír el clamor de Dios?

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos,
y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”
(2 Crónicas 7:14)

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