sábado, 18 de octubre de 2014

Dan 1:8 Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, así que le pidió al jefe de oficiales que no lo obligara a contaminarse.

[11] 1.8 Esta decisión se debe a que la comida que se servía en la mesa del rey podía estar preparada con la carne de animales impuros (cf. Lv 11; Dt 14.3-21), o que no habían sido desangrados de acuerdo con las prescripciones rituales (cf. Dt 12.23-24). Además, los jóvenes no querían exponerse al peligro de comer alimentos o de beber vino que quizás antes habían sido ofrecidos a los ídolos (cf. Dt 32.38; 1 Co 10.21).

DANIEL. Poco se sabe de los progenitores de Daniel. Fue llevado a Babilonia en 604 A.C. y educado para el servicio del rey. Duran­te este adiestramiento, Daniel y sus tres jóvenes amigos se ne­garon a comer alimentos ofrecidos a los ídolos (Daniel 1:8) y pidieron que se les cambiara la comida. Después de someterlos a examen, se les otorgó lo pedido, pues se halló a estos jóvenes judíos en mejores condiciones físicas que quienes comían los ali­mentos del rey; además, sobrepujaron a todos los demás en co­nocimientos y sabiduría. Daniel interpretó un sueño de Nabuco­donosor que revelaba el futuro de su imperio. Tuvo también visiones del futuro del mundo. Además, interpretó para Belsasar, hijo de Nabucodonosor, la escritura aparecida sobre el muro. Por intrigas de sus rivales fue echado a la cueva de los leones debido a su fidelidad en adorar a Dios (Daniel 6:10-24). Esta intriga para librarse de Daniel fracasó por causa de la gran fe de éste. Daniel fue un profeta que hizo prosperar la causa de Dios.

A veces las observancias de la Ley parecen pesadas a los creyentes, especialmente cuando viven entre personas que no comparten su fe. ¿No son menos libres que sus compañeros? Este texto nos hace ver con claridad y sencillez que los mandatos divinos son fuente de vida y de fuerza para quien los observa.   Por su fidelidad, Daniel logrará, no solamente la cultura humana, sino también el conocimiento de las cosas divinas, que demostrará a continuación.   Este don de Dios no se consigue sino con fidelidad y sacrificios.

Mantener La Pureza, Es No Sucumbir Ante Los Placeres Mundanos

Dan 6:10 Cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa (en su aposento

superior tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén), y como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose

tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios.

[4] 6.10 Nótese la manera de orar de los judíos que se encontraban lejos de Jerusalén: tres veces al día, puestos de rodillas y con la mirada vuelta hacia el templo de Sión (cf. 1 R 8.44,48). La primera de estas oraciones se hacía temprano en la mañana, cuando se ofrecía el sacrificio matutino; la segunda, hacia las tres de la tarde, hora en que se ofrecía el sacrificio vespertino; y la tercera, al atardecer, cuando empezaba a caer el sol. Véase Sal 5.7 n. Cf. también Sal 55.17.

Heb 12:14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

[.] Despúes de esta larga invitación a vivir de la fe, el autor parece que quisiera pasar a cosas más prácticas (vs. 14-15), pero inmediatamente vuelve a ensalzar el don excepcional que es la fe en Cristo. Recuerda a sus lectores la experiencia que han vivido cuando fueron bautizados y recibieron los dones del Espíritu.   Ustedes se han acercado al cerro de Sión (22). Esa montaña, sobre la que estaba construida Jerusalén, era para los judíos la imagen de la ciudad celestial. Pero justamente en el momento de su bautismo los creyentes han vivido en diferentes grados una experiencia auténticamente <celestial>. Y la han vivido en un contexto comunitario en el que han tomado conciencia de lo que es la Iglesia santa. Han entrado en la familia de Dios, de los santos y de los ángeles. Tal vez supieron algo de ese centro misterioso en el que se decide el destino del mundo y donde se encuentra Jesús en persona. No habrá que olvidar, más tarde, las experiencias que se vivieron en tiempos de luz.

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