sábado, 7 de febrero de 2015

Sin Respuesta lección 37 Parábola de la viuda y el juez injusto


También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
Luk 18:2  diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a 
hombre.
Luk 18:3  Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme 
justicia de mi adversario.
Luk 18:4  Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni 
temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
Luk 18:5  sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que 
viniendo de continuo, me agote la paciencia.
Luk 18:6  Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
Luk 18:7  ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se 
tardará en responderles?
Luk 18:8  Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, 
¿hallará fe en la tierra?

 Venciendo  la desesperación
Parábola propia de Lc. Como los discípulos deberán sufrir mucho, para esto les es necesaria la oración, estando alerta para esta venida. En el lugar paralelo del “Apocalipsis sinóptico” se vaticina todo esto, y se les recomienda para ello estar atentos, “vigilantes” y “orar” (Luc_21:36 par.). Esta constante vigilancia por la oración es lo que inculca esta parábola, cuyo tema se enuncia abiertamente al comienzo de ella: “Es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer.” No se trata de una oración matemáticamente continua, pero sí muy asidua.
La parábola se centra en un juez acaso venal que no se molesta en hacer justicia a una pobre viuda. Ya los profetas clamaban contra este abuso de los desvalidos. Pero ella urgía le resolviese su asunto, que en el contexto es favorablemente — “hacer justicia” — , e insistentemente volvía a la carga. El mismo temió; le estaba molestando tanta insistencia. Por lo que se decide a hacerle justicia, no sea que “finalmente venga y me dé más quebraderos de cabeza.”

 El juez justo siempre hará justicia
18.1 Insistir en nuestras oraciones hasta obtener respuesta no significa una repetición sin fin, ni estar en reuniones de oración prolongadas y tediosas. La oración perseverante implica ser constantes en nuestras peticiones delante de Dios, como si viviéramos por El de día en día, con la certeza de que responderá. Cuando vivimos por fe, no debemos rendirnos. Dios puede demorar su respuesta, pero siempre tendrá buenas razones y no debemos confundirlas con negligencia de su parte. Al persistir en la oración, crecemos en carácter, fe y esperanza.
Psa 68:28  Dios mío, demuestra tu poder; ¡reafirma lo que has hecho  por nosotros!
Psa 40:1  Puse mi esperanza en el Señor,  y él se inclinó para escuchar  mis gritos;


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